Dante Velazquez dejó inaugurado el período de Sesiones Ordinarias en La Quiaca

En el año del 119° aniversario de La Quiaca, en horas de la mañana, el intendente Dante Aníbal Velazquez abrió el período de sesiones ordinarias desde el salón de conferencias del Hotel de Turismo Municipal, con una hoja de ruta que combina épica de frontera, orden institucional, obras concretas y un llamado político a la “unidad en la divergencia”.

La Quiaca abrió sus sesiones ordinarias 2.026 con una escena que interpela: no fue un acto administrativo más, fue una reafirmación de identidad. “119 años de historia en altura… 119 años de comercio, cultura y frontera viva. La Quiaca es la Puerta de la Patria. El Norte es origen”, sostuvo el intendente Dante Aníbal Velazquez, poniendo a la ciudad en el centro del relato y no en el margen.

Desde el arranque, el mensaje buscó levantar la autoestima colectiva: La Quiaca no como periferia, sino como punto de encuentro, conexión y oportunidad. “Somos puerta, somos frontera, somos conexión. No somos periferia; somos punto de encuentro, de intercambio y de oportunidades”, subrayó, en un tiempo donde la palabra “frontera” suele narrarse como problema, y aquí se la reivindicó como potencia.

Velazquez, además, se metió en el clima nacional y lo tradujo a una lógica municipal: mientras el país debate “si reforma o no, si ajuste o expansión”, La Quiaca elige no quedarse “en la discusión estéril” y opta por gestionar “en clave de futuro”. El concepto es claro: en tiempos inciertos, el municipio no puede paralizarse; debe anticiparse.

En el corazón del discurso apareció una definición que busca blindar confianza pública: administración eficiente y cuentas claras. El intendente habló de equilibrio, control y optimización de recursos, y marcó un punto fuerte al afirmar que el municipio se hizo cargo de obras abandonadas por Nación “porque las necesidades de nuestros vecinos no pueden esperar”. Ese posicionamiento -de asumir lo que otros dejaron- busca sostener gobernabilidad territorial cuando el tablero nacional se vuelve errático.

La promesa de orden no quedó solo en palabras: el discurso bajó a hechos. Velazquez repasó obras y acciones ya ejecutadas, y lo hizo con una frase que se repitió como sello: “Estas obras no son anuncios. Son realidades”. En esa línea enumeró intervenciones que tocan la vida cotidiana: cordón cuneta, pavimento, cloacas, agua, capilla, tinglados para actividad comercial y más de 30 intervenciones en edificios públicos.

Para 2.026, el paquete vial aparece como el núcleo duro de la gestión: pavimento rígido, capa asfáltica y adoquinado en puntos estratégicos, además de miles de metros de cordón cuneta, bacheo y mejoramiento de calles de tierra. En el discurso, la calle no es un detalle: es economía, es escuela, es seguridad, es logística urbana; es dignidad.

Uno de los pasajes más potentes -por símbolo y por futuro- fue el dedicado al Complejo Cultural. Velazquez pidió detenerse allí: “Más de 2.000 m². 90% de avance. Segunda etapa en ejecución”. No lo definió como obra, sino como infraestructura para las próximas generaciones: talleres, exposiciones, cine, música, encuentros. En un norte que necesita industria creativa, la cultura dejó de ser “gasto” para convertirse en inversión estratégica.

La épica no solo se construyó con cemento: también con comunidad. El intendente sostuvo que “gobernar no es encerrarse”, reivindicó la gestión “de cara a la comunidad”, y cerró con un llamado político que busca elevar el clima social: “celebremos la mesa del diálogo… no caigamos en el fundamentalismo… que viva la unidad en la divergencia, en la pluralidad”. En una ciudad donde conviven historia, frontera y diversidad, el mensaje final fue una invitación a discutir sin romperse.

Así, La Quiaca inauguró sus sesiones con un discurso que mezcla identidad y hoja de ruta, orgullo y administración, épica y rendición. Y dejó una idea que puede funcionar como doctrina local: en el Norte no se pide permiso para existir; se planifica, se ejecuta y se avanza.